Marc Gasol, exjugador de baloncesto español, ha reconocido en una nueva entrevista que, durante su etapa escolar en Sant Boi, no se le daba bien el inglés. El pívot catalán recuerda a su profesora, Loli, y bromea sobre lo que pensaría si le escuchara ahora, cuando su dominio del idioma es prácticamente nativo.
“Cuando llegué a Memphis por primera vez con Pau y la familia apenas era capaz de decir dos palabras”, explica sobre su primer contacto con Estados Unidos, antes de ser jugador de la NBA. Su evolución lingüística refleja un proceso de adaptación que fue mucho más allá del baloncesto.
De Sant Boi a Memphis
El primer viaje de Marc Gasol a Estados Unidos se produjo en 2001, cuando acompañó a su hermano Pau a Memphis. Era un adolescente y quedó impresionado por las autopistas de siete carriles, los camiones y la dimensión de todo lo que veía.
En ese momento, su inglés era muy limitado. Apenas podía articular algunas palabras y dependía de su familia y de su hermano para comunicarse. La barrera del idioma es uno de los primeros obstáculos a los que se enfrentan muchos deportistas europeos que dan el salto a la NBA.
El baloncesto como refugio
Gasol reconoce que de niño no era especialmente soñador, pero sí tenía claro que el baloncesto era su sitio. “En el colegio no era popular, era el niño que jugaba a basket”, recuerda. La pista era el lugar donde se sentía mucho más cómodo que en clase.
Esa sensación de pertenencia en el deporte contrasta con su experiencia académica. Se describe como un estudiante inconsistente, con intereses dispersos y “con la brújula estropeada”. No tenía una vocación clara más allá del baloncesto y reconocía que no era un alumno destacado.
La integración en Estados Unidos
Con el tiempo, Gasol no solo aprendió el idioma, sino que se integró profundamente en Memphis. La ciudad le eligió “Memphian of the year” y llegó a decirse que “Marc Gasol no es de Memphis, es Memphis”. El pívot reconoce que la frase puede resultar exagerada, pero se siente muy identificado con la ciudad.
Memphis no tiene el glamour de otras urbes estadounidenses, pero para él representa una América más real, trabajadora y con una fuerte carga histórica. Su integración fue total: vivió en el centro antes de mudarse a los suburbios con su familia, y los clientes de los cafés ya le saludan cariñosamente.
El poder del deporte
Gasol destaca que Memphis es una ciudad con mucha segregación, pero que el baloncesto sirve para unir. El equipo está formado por jugadores de orígenes muy distintos que comparten un objetivo común, y lo mismo ocurre con los aficionados.
Esa capacidad del deporte para trascender diferencias es algo que valora especialmente. Para él, el baloncesto no es solo una profesión, sino una herramienta de cohesión social y de conexión con la comunidad. Él mismo lo vivió cuando pasó de Sant Boi a Memphis.