La palabra es locura. Así se define exactamente todo lo que ha rodeado a Rodri durante sus primeras horas en Barcelona. Pocas veces un futbolista genera tanta expectación y despierta tanta ilusión entre el barcelonismo como lo ha hecho la llegada del centrocampista español. Desde que puso un pie en la ciudad, prácticamente cada uno de sus movimientos ha estado acompañado de aficionados, cámaras y una expectación difícil de recordar en los últimos años.
La primera prueba llegó ya en la terminal de vuelos privados. Más de 50 periodistas acreditados esperaban la llegada del nuevo fichaje azulgrana y hasta el propio departamento de comunicación del club se sorprendió por la enorme cantidad de solicitudes recibidas. La escena tuvo incluso un punto surrealista. Entre 10 y 15 personas llegaron a inventarse nombres de medios de comunicación, preparar tarjetas falsas y hacerse pasar por periodistas con el único objetivo de poder acceder a la terminal y ver de cerca a Rodri.
No lo consiguieron, tuvieron que quedarse fuera. Durante las últimas semanas se ha hablado mucho de los 60 o 70 millones de euros que ha supuesto la operación y de si el Barça realmente debía realizar un desembolso de este calibre. Pero basta con observar lo sucedido durante estas primeras horas para comprobar que no se trata de una incorporación cualquiera. Rodri llega también para devolver ilusión a una afición que rápidamente ha hecho suyo al nuevo centrocampista.
Unas primeras horas intensas
Tras aterrizar, el futbolista se desplazó directamente hasta su hotel. Y no era un hotel cualquiera. El mismo en el que, como contó SPORT hace una semana, Rodri y Deco mantuvieron la reunión clave para cerrar su fichaje por el Barça. Entonces imperó la discreción y esta vez no fue diferente. Su entrada se produjo sin llamar la atención del resto de huéspedes. Todo lo contrario de lo que sucedió unas horas después en el exterior. Varias decenas de aficionados se acercaron por la noche hasta el hotel con la esperanza de conseguir una fotografía o un autógrafo.
Rodri, sin embargo, prefirió no salir. Lejos de una de esas primeras noches habituales de los nuevos fichajes, aprovechadas muchas veces para descubrir algunos de los restaurantes más conocidos de Barcelona, el centrocampista decidió permanecer en el hotel.
El día siguiente, a primera hora, Rodri estaba citado a las nueve en la Ciutat Esportiva para pasar la revisión médica junto a João Cancelo. Ambos llegaron por separado. Cancelo lo hizo en coche particular, curiosamente con el vehículo que hasta hace poco utilizaba Hansi Flick, mientras que Rodri llegó acompañado por miembros de la seguridad del club.
Los dos pasaron las pruebas en el centro médico y, según relatan testigos presentes a SPORT en el interior, Rodri volvió a dejar una de las imágenes que están marcando estas primeras horas. Una persona discapacitada coincidió con él por casualidad en el interior de la clínica y el centrocampista no tuvo ningún problema en detenerse y hacerse una fotografía. Una vez terminadas las pruebas, Rodri regresó al hotel para cambiarse y prepararse para el resto de la jornada.
Barcelona, una ciudad 'loca'
Pero si algo demuestra día tras día Barcelona es que es una ciudad completamente loca por el fútbol, donde el boca a boca corre a una velocidad difícil de controlar. Bastó con que unos pocos supieran dónde estaba comiendo Rodri junto a los directivos del Barça para que la noticia se extendiera y todos acabaran enterándose. Lo que debía ser una comida tranquila terminó convirtiéndose en una nueva demostración de la expectación que genera su fichaje. Porque si algo han dejado claro estas primeras horas es que Rodri no ha aterrizado en Barcelona como uno más.
Los periodistas que habitualmente hacen guardia en los alrededores del Botafumeiro están acostumbrados a ver pasar a cientos de personas por la zona. Otra cosa muy distinta es ver salir del restaurante a sus clientes, normalmente protegidos por la discreción de uno de los locales más conocidos de Barcelona. Con Rodri, sin embargo, todo fue completamente diferente. La noticia de que el nuevo fichaje azulgrana estaba comiendo en su interior corrió rápidamente y varias personas incluso intentaron acceder al restaurante para conseguir una fotografía con él. Fue imposible. Rodri se encontraba en un reservado junto a Joan Laporta, Deco y diferentes miembros de la estructura del Barça.
Con el paso de los minutos, la expectación fue creciendo hasta reunir alrededor de 200 personas en los alrededores del establecimiento. La situación obligó a los Mossos d’Esquadra a hacer acto de presencia y la seguridad privada del restaurante tuvo que colocar catenarias para facilitar la salida tanto del futbolista como de los dirigentes azulgranas.
Y entonces llegó la locura. Gritos, teléfonos móviles en alto y decenas de aficionados intentando acercarse a Rodri. El centrocampista salió sorprendido, con una sonrisa que dejaba ver que también él estaba disfrutando de todo aquello. Joan Laporta tampoco escondía su asombro y celebraba con el puño en alto antes de subirse al coche conducido por su chófer.
La imagen resumía perfectamente el día. Ilusión y máxima expectación alrededor de un futbolista al que muchos llevaban meses imaginando vestido de azulgrana. Ahora ya no hace falta imaginarlo. Rodri está en Barcelona. Rodri ya es del Barça.