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Justin Robinson, el nuevo director de juego que llega para poner orden al Barça

El Barça ha apostado por un base de perfil distinto. Sin grandes focos mediáticos ni un currículum construido a golpe de titulares, Justin Robinson aterriza en el Palau con la misión de convertirse en el cerebro del equipo, un director de juego de los que entienden el baloncesto antes que el espectáculo.

A sus 28 años, el estadounidense llega en plena madurez deportiva después de un camino poco convencional. Formado en Virginia Tech, donde dejó una huella imborrable hasta el punto de convertirse en uno de los mejores asistentes de la historia de la universidad, Robinson no encontró un hueco estable en la NBA y decidió construir su carrera en Europa.

Ese recorrido le ha convertido en un base mucho más completo. Ha aprendido a competir en ligas de máxima exigencia, a adaptarse a diferentes estilos de juego y, sobre todo, a asumir responsabilidades sin necesidad de monopolizar el balón. Es un organizador puro, un jugador que hace mejores a sus compañeros y que entiende cuándo acelerar y cuándo bajar el ritmo de un partido.

Gran lectura del juego

En el aspecto físico no destaca por una potencia descomunal ni por un atletismo fuera de lo común. Su principal virtud está en la lectura del juego. Tiene un excelente manejo de balón, protege muy bien la posesión y es capaz de encontrar líneas de pase que otros ni siquiera imaginan. Su visión periférica es una de sus grandes armas.

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El base ha realizado una gran campaña en el Paris Basketball que le ha traido ahora al Barça
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También ha evolucionado en el lanzamiento exterior. Si en sus primeros años el tiro era un aspecto irregular, las últimas temporadas han mostrado a un Robinson mucho más fiable desde la línea de tres, un detalle indispensable para sobrevivir en el baloncesto europeo actual. Esa amenaza obliga a las defensas a respetarle y abre espacios para el resto del ataque.

Defensivamente tampoco rehúye el contacto. No será el jugador que acumule grandes estadísticas de robos o tapones, pero sí un base intenso, disciplinado y con capacidad para presionar sobre el balón durante muchos minutos. Su esfuerzo atrás suele ser una constante, una cualidad muy apreciada por cualquier entrenador.

Un reto mayúsculo

Su personalidad también encaja con lo que busca el Barça. Robinson nunca ha necesitado ser protagonista para sentirse importante. Es un líder silencioso, de los que hablan poco pero transmiten mucho desde el ejemplo. Esa capacidad para asumir un rol colectivo ha sido una constante durante toda su carrera.

En el Palau tendrá un reto mayúsculo. Sustituir el talento individual nunca es sencillo, pero el Barça no le pide que sea una estrella, sino que aporte equilibrio, orden y criterio a un equipo que quiere volver a competir por todos los títulos. Su éxito no dependerá tanto de los puntos que anote como de la fluidez ofensiva que consiga generar.

En una plantilla todavía en consrtucción , el nuevo base azulgrana llega para demostrar que, muchas veces, el jugador más importante no es quien más anota, sino quien consigue que todos jueguen mejor y ese será el gran objetivo del nuevo director de juego azulgrana.

Fuente original: www.sport.es →