Gerard Piqué: "Da igual que a Messi le pongas uno, dos o tres jugadores para pararlo, va a encontrar la solución”
Gerard Piqué, en una entrevista concedida a 'AS', reflexiona sobre la final del Mundial, de quién llega en mejores condiciones, de qué factores serán clave para conocer al campeón, de Leo Messi, del Barça... Un poco de todo, siempre con aportaciones interesantes que llegan de quien ganó la única estrella que tiene la selección española bordada sobre el escudo de su camiseta, la de la final de Sudáfrica 2010. El exjugador del Barça situaba a España entre sus favoritas antes del Mundial, junto a Francia, Inglaterra y Brasil, mientras que Argentina no entraba inicialmente en ese grupo. Sin embargo, entiende que el desarrollo del campeonato ha acabado ofreciendo “una de las mejores finales que se puede ver”.
“Estamos hablando de dos de las mejores selecciones por los jugadores que tienen”, explicó Piqué, que también destacó el carácter histórico del encuentro. “Para nuestros intereses puede suponer la segunda estrella, pero también para Leo su segundo Mundial seguido”. Sobre Lamine Yamal, añadió que, si gana España, “con 19 años está ante una situación única, de poder ser uno de los jugadores más jóvenes en ganar un Mundial”. Piqué prevé un partido en el que Argentina tratará de imponer su intensidad desde el inicio. “Argentina va a marcar territorio desde el principio. Es su estilo, su manera de entender el fútbol, y España no puede dejarse influir por eso, tiene que centrarse única y exclusivamente en el fútbol”, afirmó. mchezo.co.za
El exdefensa considera que la selección debe mantenerse fiel a su identidad. “Una de las fortalezas de España es que siempre juega de la misma manera, sea cual fuere el marcador. Aprieta arriba, quiere ser protagonista, tener la pelota”. Y añadió: “Si España consigue tener el mando del balón, con jugadores para ello, y luego aprieta arriba de manera agresiva y sin miedos, tiene más posibilidades de ganar”. Su conclusión es clara: “Para ganar tenemos que ser más radicales que nunca en nuestro estilo”.
La actual selección y el peso del Barça
Piqué no duda al valorar el funcionamiento colectivo del equipo de Luis de la Fuente. “Como equipo, España es la mejor”, aseguró. También remarcó que su presencia en la final responde a sus méritos durante el torneo: “Tengo claro que si está en la final, como Argentina, es porque se lo merecen”. El exinternacional español ve similitudes entre la actual selección y la campeona del mundo en 2010. “Son muy parecidas”, señaló, antes de recordar que el equipo de Sudáfrica tampoco llegó al torneo con la condición de favorito absoluto. “Estoy convencido de que la Selección de ahora, con Pedri, Lamine, Cubarsí, etcétera, será igual o mejor que la de 2010, pero le falta tiempo”.
Dentro de ese grupo, Piqué destacó especialmente a Pedri. “Soy muy fan de Pedri, porque es el fútbol”, afirmó. También valoró la capacidad del equipo para mantener su nivel cuando el centrocampista blaugrana no está sobre el terreno de juego: “Me ha sorprendido mucho el hecho de que sacando a Pedri el equipo juegue igual de bien, y eso es mérito del seleccionador”. Piqué también puso en valor otros nombres de la selección, como Fabián, Mikel Merino u Oyarzabal, y destacó la solidez defensiva del equipo. “España juega increíble al fútbol, y eso no significa que tengas que marcar cuatro o cinco goles en cada partido, y menos en un Mundial”, explicó.
Los elogios a Messi
Piqué dedicó también una parte importante de su análisis a Leo Messi. El exdefensa explicó la vigencia del argentino a partir de su capacidad para interpretar el juego. “Messi tiene muchas cosas y una de ellas es la inteligencia. Él es consciente de que físicamente ya no tiene 25 años, pero sabe perfectamente encontrar las posiciones donde puede hacer daño”. También subrayó sus cualidades técnicas. “Su talento es innato, único, que le hace encontrar las mejores situaciones para estar cerca del área, asociarse muy rápido en pases muy cortos o echarse a una banda y poner centros fantásticos. Ni que decir tiene que es el mejor definiendo dentro del área”.
Piqué considera que Messi sigue influyendo tanto por su rendimiento como por lo que provoca en sus compañeros. “Contagia al resto de jugadores y les motiva para superarse”, afirmó. De cara a la final, advirtió sobre la dificultad de limitar su impacto. “Da igual que a Messi le pongas uno, dos o tres jugadores para pararlo, va a encontrar la solución”. Y añadió que la atención sobre el argentino puede generar espacios para otros futbolistas: “Argentina no es solo Messi”. Sobre su candidatura al Balón de Oro, Piqué señaló: “Claro que se merecería ganarlo y sería la mejor manera de cerrar su círculo”. Finalmente, al ser preguntado por su preferencia para la final, respondió: “Ojalá gane España, pero si gana Argentina, también me alegraré por Messi”.
Borja Yus, entrenador personal: "Para ganar músculo, no hay que llegar al fallo en todas las series"
Durante años, entrenar hasta el fallo muscular ha sido considerado una de las claves para ganar masa muscular. La idea de completar cada serie hasta no poder mover un kilo más se ha popularizado tanto en gimnasios como en redes sociales. Sin embargo, un reciente vídeo publicado por el entrenador personal Borja Yus cuestiona esta creencia y explica que la ciencia apunta en otra dirección.
En su publicación de Instagram, el especialista sostiene que no siempre es necesario agotar por completo el músculo para estimular su crecimiento. De hecho, asegura que detener una serie cuando todavía podrían hacerse una o dos repeticiones más puede ofrecer prácticamente los mismos resultados, pero con una fatiga mucho menor.
Para respaldar esta afirmación, Yus hace referencia a un estudio realizado con 18 participantes. En él, cada persona entrenó una pierna hasta el fallo muscular, mientras que con la otra finalizaba la serie cuando aún era capaz de realizar entre una y dos repeticiones adicionales. Este diseño permitió comparar ambos métodos en el mismo individuo y eliminar muchas de las diferencias que suelen existir entre personas.
Los resultados sorprendieron a los investigadores. Según explica el entrenador, la pierna que dejó esas repeticiones "en reserva" aumentó el tamaño del cuádriceps aproximadamente un 7%. La otra, entrenada siempre hasta el fallo, registró prácticamente el mismo crecimiento muscular. La principal diferencia apareció en otro aspecto: el nivel de fatiga generado tras el entrenamiento.
"La pierna que paraba justo antes del fallo aumentó el cuádriceps aproximadamente un 7%, mientras que la pierna que entrenó hasta el fallo también aumentó un 7%. La diferencia fue que entrenar hasta el fallo produjo mucha más fatiga", explica Borja Yus en el vídeo.
A partir de estos datos, el entrenador concluye que quienes buscan ganar músculo no necesitan llevar absolutamente todas las series al límite. En muchos casos, detenerse cuando todavía queda una o dos repeticiones posibles permite lograr una hipertrofia similar, reduciendo al mismo tiempo el desgaste físico y facilitando la recuperación para las siguientes sesiones.
Eso sí, Yus matiza que el fallo muscular sigue teniendo utilidad en determinadas circunstancias. En su opinión, puede ser especialmente interesante para personas que están empezando a entrenar y todavía no saben calcular con precisión cuánto margen les queda antes de alcanzar su límite real.
"Muchas personas piensan que solo pueden hacer una repetición más cuando realmente les quedan cuatro o cinco", señala el entrenador. Precisamente por eso considera que realizar alguna serie hasta el fallo puede servir como referencia para aprender a identificar esa sensación y ajustar mejor la intensidad en futuras sesiones.
El mensaje final del experto no es eliminar el fallo muscular de la rutina, sino utilizarlo con criterio. Según explica, el objetivo debería ser entrenar siempre muy cerca del límite, pero sin necesidad de alcanzarlo en todas las series, ya que eso permite mantener un estímulo eficaz para el crecimiento muscular sin acumular una fatiga innecesaria.
Con ello, Borja Yus desmonta una de las ideas más extendidas en el entrenamiento de fuerza y recuerda que progresar no depende únicamente de sufrir más en cada ejercicio, sino de aplicar una estrategia que combine intensidad, recuperación y constancia a largo plazo.
Acuérdense de Messi
Al título de esta nota cabría ponerle un asterisco o algún otro recurso de los que sirven como llamado de atención para quien lee. El símbolo buscaría aclarar que el texto que sigue es la continuación de uno muy anterior, escrito en octubre de 2013 y publicado en un diario español 48 horas después de un clásico Barcelona-Real Madrid que ganó el conjunto catalán en el Camp Nou. El 2-1 final tuvo goles de Neymar, Alexis Sánchez y Jesé, pero sobre todo, contó con una actuación “extraña” del 10 argentino que escapaba a sus registros habituales. No tanto por su ineficacia frente al arco -falló un mano a mano muy favorable frente al arquero Diego López- como por su actitud, menos combativa de lo habitual, menos comprometida con el juego y desde ya, mucho menos trascendente en el desarrollo del partido.
Por entonces, había pocas aficiones en el mundo más felices que la del Barça, acostumbrada desde hacía siete años a las maravillas que semana tras semana ofrecía el crack rosarino para que la sala de trofeos del club se enriqueciera con una colección de copas mayor a la de todo el resto de su prolífica historia. La nota escrita en 2013, sin embargo, poseía un título llamativo, Olvídense de Messi, y planteaba algo semejante a un consejo hacia los hinchas blaugranas, una recomendación curiosa, amable y en cierto punto arriesgada, teniendo en cuenta que solo se llevaban disputadas 10 fechas de la Liga española. Promovido por el clásico, el artículo contenía dosis semejantes de observación, suposición e intuición del cronista y planteaba que, tal vez, llegar a punto a la cita brasileña podía ser el principal y casi único objetivo del genio surgido de la canchita del modesto club Grandoli.

Pero aquel año había arrancado torcido para Messi. Nunca antes había padecido una sucesión de lesiones musculares como en 2013, y le ocurría justo en una temporada destinada a finalizar con el más codiciado de los premios: la posibilidad de levantar la Copa del Mundo en el Maracaná. Sus gestos y su rendimiento contrastaban con los 233 goles y 81 asistencias que había sumado en los cuatro años anteriores, cuando su duelo con Cristiano Ronaldo se encontraba en pleno auge, y cada partido empezó a tomar características de examen.
Pasaron casi 13 años y demasiadas cosas han cambiado. Aquel Messi callado, hosco, que apenas daba señales de lo que pasaba por su cabeza es hoy un hombre abierto, locuaz, que no esconde ni sus sentimientos ni sus emociones, que transmite seguridad en sí mismo y se transformó en líder, que dice lo que piensa y ya no se calla, que actúa de acuerdo con sus criterios, ajeno a las opiniones de los demás. Sin embargo, y como en esos ya lejanos tiempos, a pocas horas de disputar su tercera final mundialista y con 39 años recién cumplidos, poca, muy poca gente puede afirmar con total certeza que el universo futbolístico estará ante una función de despedida, como mínimo de los grandes escenarios. Y para los argentinos, que esa función pueda ser el adiós a su fabulosa trayectoria con la camiseta celeste y blanca de la selección.
Desde ya, no se trata de dejarse invadir por la nostalgia antes de tiempo, mucho menos cuando espera una final que vale una Copa del Mundo, pero hasta el nombre de los botines, El Último Tango, que la marca de las tres tiras le diseñó para la ocasión, señalan que el cierre de una etapa inigualable está demasiado cerca y juguetear con la memoria parece un ejercicio inevitable.
Los sitios de estadísticas ofrecen cifras para todos los gustos y todos los récords, pero quizás lo más interesante cuando llegue el momento del recuerdo, será todo lo que el futbolista más grande de todos los tiempos ha ofrecido fuera del campo de juego. Por ejemplo, el significado de la identidad, del amor por las raíces, la escuela, el barrio y los primeros amigos. Ese capital intangible que se prende de la piel y circula por las arterias con tanta fuerza como para que un pibe de 13 años que se ve obligado a migrar casi en soledad a una ciudad a 10.000 kilómetros de su casa no pierda nunca ni el acento ni los vínculos ni la cercanía a lo que considera suyo.

La identidad fue el valor que condujo a aquel chico de pocas palabras hacia nuestras orillas en lugar de aceptar la tentación del fútbol mejor organizado que tenía a mano y le abría sus brazos. Es a la potencia de esas raíces que los argentinos le debemos las alegrías de un último lustro que puso en evidencia a los muchos -demasiados- que confundieron timidez con desaprensión y que, aferrados a los resultados que no se daban, lo señalaban con dedos acusadores por no cantar el himno, o no pudieron apreciar el esfuerzo de cruzar una y mil veces el océano para defender los colores soñados desde chico.
Cuando El Último Tango sean algo más que un par de botines llegará el momento de poner en su justo término virtudes como la perseverancia, la resiliencia, el espíritu de lucha y la rebeldía contra las circunstancias adversas. También, de guardar en el portaequipajes de la vida la felicidad infantil de querer jugar, por encima de los millones, de los elogios y de las idolatrías; y de querer mejorar día tras día, con las herramientas del talento que se traigan de fábrica y con las que se vayan adquiriendo a través de los años y los aprendizajes para que los triunfos sean una consecuencia más que un propósito. Sin dejar de acomodar en algún bolsillo aquello que tenga que ver con la seriedad profesional, la responsabilidad de cuidarse a sí mismo, como método de educar con el ejemplo a todo aquél que sepa observar con atención.

La memoria, en todo caso, tendrá siempre espacios disponibles para el Messi de las gambetas inverosímiles, los controles alucinantes, los remates milimétricos, los pases invisibles para el común de los mortales, y los más de 900 gritos de gol tan genuinos, espontáneos y salidos desde lo más profundo de las entrañas como los que surgen cualquier tarde de domingo en las tribunas, los potreros, los campitos y las canchas de todos los rincones de la Argentina.
La final del mundo contra España, tal vez, marque el cierre de una etapa maravillosa, e inevitablemente, el inicio de otra nueva a la cual el tiempo le pondrá los adjetivos que merezca. Mientras tanto, y a la espera de que el protagonista confirme su futuro a corto y mediano plazo, quizás no haya mejor recomendación que acordarse cada día de quién es y qué hizo por el fútbol un genio llamado Lionel Messi.
Y aunque sea mucho menos importante, vale una última aclaración: el asterisco que cabría ponerle al título de esta nota sirve para indicar que su autor es el mismo que escribió la original de 2013.
